HIDRATACIÓN

HIDRATACIÓN Y RENDIMIENTO INTELECTUAL.

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Nuestro organismo está compuesto en un porcentaje muy elevado por agua. Cuando nacemos tenemos alrededor de un 80-85% de éste líquido, y a medida que avanzamos en la vida y cumplimos años vamos perdiendo agua hasta llegar en la vejez a tener aproximadamente un 60% del peso corporal. Es por esto, por lo que en la última etapa de la vida hay que estar muy atentos a una posible deshidratación. Las personas mayores retienen menos agua y aumentan la cantidad de glucosa en sangre.

Esta agua que ingerimos, y las sales minerales que contiene (bicarbonatos, sulfatos, calcio, magnesio, sodio, fluoruros etc.) son muy importantes para todos los tejidos (huesos, músculos, articulaciones etc.) y en especial para el cerebro pues la deshidratación afecta negativamente el buen funcionamiento de éste con la consecuente pérdida de la capacidad de razonamiento, concentración y memoria así como de otras capacidades mentales. Por tanto hay que prestar mucha atención a la correcta hidratación y sobre todo en niños y adolescentes para que sus facultades mentales estén siempre a pleno rendimiento, y facilite tanto el estudio como el aprendizaje. Ni que decir tiene que las personas que trabajen haciendo un ejercicio físico importante han de cuidar la hidratación con más celo si cabe. Además de esto que hemos citado, el agua conforma casi el 85% de la sangre, y ayuda tanto a transportar sustancias hasta los tejidos, como a eliminar las sustancias de deshecho, humedece el aire que respiramos y ayuda a mantener la temperatura corporal.

En el adulto la ingesta diaria de agua debe estar alrededor de los dos litros, aunque puede tener que aumentarse en verano o cuando practiquemos deportes en que la pérdida de ésta por el sudor sea mayor. Esta cantidad es ligeramente menor en la mujer por tener mayor cantidad de grasa en los tejidos y normalmente una menor corpulencia. Para tomar la cantidad adecuada con menos esfuerzo, podemos utilizar también infusiones, refrescos y zumos. Se debe beber antes de llegar a tener sed.

Hay que tener en cuenta que la pérdida de un 2% de agua ya provoca aparte de sed, malestar, fatiga, debilidad, dolores de cabeza, llegando alrededor del 9-10% a delirios, calambres, espasmos musculares, disminución de volumen sanguíneo y presión arterial  y fallos renales. La pérdida por encima de éste porcentaje (generalmente por encima de 11 – 12%) es incompatible con la vida produciéndose casi siempre el fallecimiento por fallo renal.

Como conclusión decir que para tener un buen funcionamiento de nuestro organismo, y poder desarrollar al máximo todas nuestras capacidades mentales, hay que estar siempre perfectamente hidratados.